Título: Los enamoramientos
Autor: Javier Marías
Tengo la suerte de contar con un reducido círculo de buenas amistades aficionadas a la literatura que cuentan, además, con gustos similares a los míos. Fue a través de una de estas personas que oí hablar del último libro de Javier Marías, así que en cuanto tuve la oportunidad, me lancé sobre él.
He de decir que al principio me impactó, me emocionó, me hizo llorar como una cría ante la muerte de Desvern... pero esta sensación se desvaneció antes de llegar a la página 80. Y lo peor es que no sólo se desvaneció, sino que se transformó en el más puro aburrimiento, acompañado de una terrible desgana. Leí en una crítica en anobii que decía que Marías es "el típico viejecito pesado que te cuenta su vida, que no te interesa, pero le escuchas por pena". No podría estar más de acuerdo. Me da la sensación de que el señor Marías no tiene a nadie que escuche sus reflexiones sobre lo divino y lo humano, así que las plasmó sobre un papel, inventó un argumento que podría haber dado lugar a un best-seller sin pretensiones de no ser por toda la paja intelectualoide que nos cuela entre medias... y nos la metió doblada. Así pues, Los enamoramientos se queda en medio de todo y de nada. Para aquellos que busquen una novela sencilla y entretenida, no la encontrarán: el exceso de vocabulario rebuscado y las reflexiones del señor Marías les harán echarse atrás antes de llegar al día siguiente. Aquellos que buscan algo un poco más elevado no tardarán en captar el tufillo soberbio y pedante impregnado en cada página. Da la sensación de que utiliza un abundante número de palabras poco comunes no porque vengan al caso, sino para que todo el mundo sepa que las conoce y, además, sabe utilizarlas.
Supongo que toda esta parafernalia literaria podría justificarse si de ella salieran unos personajes perfectamente definidos, con un perfil psicológico apasionante y atrapador (o atrapante, o lo que sea, porque en la RAE no viene ninguna de las dos y yo no sé cuál sería la forma correcta), pero tampoco es el caso. Aburren soberanamente y no aportan al lector la empatía que provoca un buen personaje.
En definitiva, una novela que podría haberme gustado de haber sabido escoger un público objetivo y haberle dado lo que estaba esperando. Una cosa es que cada uno escriba en sus libros lo que le dé la gana, que para eso están, y otra muy distinta es que valga todo porque soy Fulanitodetal, que sospecho que es más bien por donde van los tiros en este caso.
Puntuación: 3 sobre 5






